Qué ven y dicen algunas personas antes de morir y por qué la ciencia todavía no tiene todas las respuestas

Una persona gravemente enferma mira hacia un rincón de la habitación y comienza a hablar con alguien a quien los demás no pueden ver. En ocasiones reconoce a su madre, a su marido o a un hermano muerto muchos años atrás. Otras veces asegura que tiene que marcharse, que alguien ha venido a buscarla o que debe prepararse para un viaje.

Para la familia puede ser una experiencia desconcertante. Para médicos y profesionales de cuidados paliativos, sin embargo, no es necesariamente algo desconocido.

Los sueños, visiones y experiencias extraordinariamente vívidas que algunas personas describen al aproximarse a la muerte aparecen documentados en la literatura médica. Y existe un detalle especialmente intrigante: muchas de estas experiencias presentan características similares en personas diferentes.

¿Son simplemente alteraciones producidas por un cerebro que está dejando de funcionar? ¿Efectos de los medicamentos? ¿Una forma psicológica de afrontar la proximidad de la muerte? ¿O existe todavía algo sobre la conciencia humana que no comprendemos completamente?

La ciencia ha comenzado a estudiarlo, pero todavía no dispone de una respuesta definitiva.

Personas fallecidas que parecen regresar

Uno de los trabajos más conocidos fue realizado por investigadores de un centro de cuidados paliativos de Nueva York. Los pacientes fueron entrevistados acerca de los sueños y visiones que experimentaban durante sus últimos días.

La mayoría de los participantes relató al menos una experiencia de este tipo, pero lo verdaderamente interesante no fue únicamente su frecuencia. Casi todos describían esas experiencias como extraordinariamente reales. Además, a medida que se aproximaba la muerte aumentaban los sueños o visiones reconfortantes relacionados con familiares y amigos ya fallecidos.

Los investigadores observaron otro detalle: las experiencias protagonizadas por personas fallecidas tendían a proporcionar más consuelo que aquellas protagonizadas por personas que todavía estaban vivas. No eran necesariamente experiencias aterradoras. Con frecuencia ocurría precisamente lo contrario ya que el enfermo parecía tranquilizarse.

«Han venido a buscarme»

Los relatos recopilados por investigadores y profesionales de cuidados paliativos presentan ciertos temas que se repiten.

Familiares fallecidos que reaparecen.

Personas queridas que parecen estar esperando.

La sensación de que ha llegado el momento de marcharse.

Preparativos para un viaje.

Conversaciones sobre lugares a los que supuestamente se va a ir.

Y asuntos pendientes que parecen necesitar una última resolución.

Un estudio cualitativo realizado con pacientes de cuidados paliativos clasificó precisamente las experiencias en seis grandes grupos: presencias reconfortantes, preparación para marcharse, encuentros con fallecidos, seres queridos que esperan, experiencias angustiosas y asuntos pendientes.

La referencia al «viaje» resulta particularmente curiosa porque aparece también en diferentes investigaciones sobre experiencias al final de la vida y  aunque naturalmente, que distintos pacientes utilicen imágenes similares no demuestra que estén describiendo una realidad exterior. Los seres humanos compartimos símbolos, cultura y una misma comprensión de la muerte. Pero esta claro que el fenómeno existe y ademas es lo suficientemente frecuente como para que actualmente forme parte de la investigación sobre el final de la vida.

No es necesariamente delirio

Una persona gravemente enferma puede sufrir fiebre, deshidratación, falta de oxígeno, alteraciones metabólicas, infecciones o efectos secundarios de medicamentos. Todo ello puede provocar confusión y alucinaciones y por tanto el delirio es, de hecho, frecuente durante las fases finales de algunas enfermedades. Pero investigadores especializados en estas experiencias advierten que no debería identificarse automáticamente cualquier visión cercana a la muerte con un episodio de delirio ya que hay diferencias.

El delirio suele implicar desorientación, pensamiento desorganizado, fluctuaciones de atención y, muchas veces, experiencias desagradables o angustiosas.

En cambio, numerosos pacientes que describen sueños o visiones al final de la vida permanecen orientados, recuerdan perfectamente lo sucedido y atribuyen a la experiencia un significado personal muy intenso es por eso que la literatura médica utiliza incluso una denominación específica: End-of-Life Dreams and Visions, sueños y visiones del final de la vida.

Una revisión sistemática de estudios realizados en hospicios señala que aproximadamente entre la mitad y el 60 % de los pacientes conscientes estudiados comunicaron alguna experiencia de «visitación» durante el sueño o estando despiertos. Demuestra que estamos ante un fenómeno humano real y relativamente frecuente que merece atención y estudios serios, en lugar de ser descartado con un simple «estaba alucinando».

La sorprendente lucidez antes de morir

En ocasiones una persona que llevaba mucho tiempo prácticamente incomunicada recupera inesperadamente la capacidad de hablar, reconocer a sus familiares o mantener una conversación coherente poco antes de morir. Se conoce como lucidez terminal o, en parte de la literatura científica reciente, lucidez paradójica y existen relatos médicos de este fenómeno desde hace más de dos siglos.

Se ha descrito en personas con enfermedades neurológicas y psiquiátricas graves, incluyendo algunos pacientes con demencia y enfermedad de Alzheimer, habitualmente la recuperación puede aparecer horas o días antes del fallecimiento. Una persona que parecía haber perdido definitivamente determinadas capacidades cognitivas vuelve momentáneamente a conectar con quienes la rodean y después muere.

La literatura científica ha recopilado casos asociados no sólo a demencias, sino también a tumores cerebrales, accidentes cerebrovasculares, meningitis y otros trastornos neurológicos. El problema es que todavía desconocemos el mecanismo que lo produce. Y ahí es cuando aparece una gran pregunta 

» Si determinados circuitos cerebrales están gravemente deteriorados, ¿cómo puede reaparecer temporalmente una función cognitiva que parecía perdida? «

No significa que la conciencia pueda existir independientemente del cerebro. Esa conclusión iría mucho más allá de lo que permiten afirmar las pruebas disponibles. Significa algo más interesante desde el punto de vista científico: desconocemos aspectos importantes de cómo el cerebro produce, conserva y recupera la conciencia y la memoria.

¿Puede el cerebro producir estas experiencias?

Existen varias explicaciones posibles y probablemente no todos los casos tengan el mismo origen.

Los cambios en el funcionamiento cerebral provocados por la enfermedad pueden alterar la percepción. Los medicamentos utilizados durante enfermedades terminales también pueden intervenir. La falta de oxígeno, los cambios metabólicos y las alteraciones de neurotransmisores ofrecen igualmente mecanismos plausibles y también existe una explicación psicológica. Cuando una persona sabe, consciente o inconscientemente, que está aproximándose a la muerte, su cerebro podría construir experiencias que faciliten la aceptación.

¿Quién podría resultar más tranquilizador en ese momento que una madre, un padre o una pareja fallecida? Desde esta perspectiva, esas presencias serían una extraordinaria herramienta psicológica del propio cerebro.

Pero explicar cómo podrían producirse no equivale necesariamente a explicar completamente por qué adoptan determinadas formas, por qué resultan tan reales para quienes las experimentan o por qué ciertos patrones aparecen repetidamente.

Cuando el miedo desaparece

Uno de los aspectos más sorprendentes sea el efecto que producen ya que las investigaciones indican que muchas de estas experiencias son reconfortantes, en algunos pacientes disminuye el temor.

Una persona puede despertarse después de haber soñado con su madre fallecida convencida de que ésta estaba realmente allí. Desde fuera podemos interpretarlo como un sueño. Para quien lo ha experimentado, la diferencia puede resultar irrelevante.

Ha sentido a su madre y está menos asustada.

Por eso algunos especialistas en cuidados paliativos recomiendan no discutir inmediatamente con el enfermo ni tratar de convencerlo de que aquello que acaba de experimentar «no existe» ya que la prioridad es escucharmya que para una persona que se encuentra al final de su vida, una experiencia de este tipo puede tener un significado emocional enorme.

El misterio de esperar la muerte

La literatura sobre experiencias al final de la vida recoge también otro fenómeno conocido por muchas familias y profesionales: personas que parecen «esperar» algo antes de morir, sea esto la llegada de un hijo, una despedida, un aniversario……..

No podemos afirmar que todas las persona podamos decidir conscientemente el instante exacto de nuestra muerte. pero si que son ciertos, casos reales en que algunas personas lo determinan, avisan y sucede…..

Los profesionales de cuidados paliativos han comunicado repetidamente situaciones en las que el momento del fallecimiento coinciden con acontecimientos emocionalmente importantes.

Una revisión científica sobre estas experiencias encontró precisamente referencias a pacientes que parecían estar preparándose para partir y a profesionales que habían presenciado situaciones interpretadas como una espera antes de morir, aparece nuevamente la frontera entre lo observado y su interpretación, ya que el acontecimiento puede ser real, aunque la explicación continúa abierta.

¿Qué ocurre cuando nos acercamos a la muerte?

No lo sabemos completamente, pero si sabemos que el cerebro cambia profundamente durante el proceso de morir y que pueden producirse delirios y alteraciones de la percepción, existen sueños y visiones del final de la vida descritos por pacientes lúcidos y documentados en investigaciones médicas.

Y en muchas de esas experiencias incluyen familiares fallecidos. que suelen logicamente proporcionar consuelo. Y existe un fenómeno mucho menos frecuente pero extraordinariamente interesante, la lucidez terminal, en el que algunas personas recuperan inesperadamente capacidades cognitivas que parecían perdidas.

Durante siglos, las experiencias de quienes estaban próximos a morir pertenecieron casi exclusivamente al territorio de la religión, la espiritualidad y los relatos familiares, pero hoy también son objeto de investigación científica. La ciencia no ha demostrado que esas personas estén viendo «otro mundo». Tampoco puede convertir automáticamente todas sus experiencias en simples fantasías carentes de significado.

Las últimas horas de una vida no nos estan revelando qué existe después de la muerte, pero sí cuánto nos queda todavía por conocer sobre la conciencia antes de que llegue.

 

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