
El Papa León XIV en España. Imagen de Antena 3
El Papa León XIV en España desde mis ojos.
Tener bastantes décadas tiene inconvenientes, pero también algunas ventajas. Y, entre las ventajas, en el caso que nos ocupa, está el haber visto pasar por la Historia a varios Papas, muchos regímenes políticos e incluso ideologías que parecían destinadas a durar para siempre y hoy apenas ocupan unas líneas en los libros.
Por eso, cuando vi llegar al Papa León XIV a Madrid, no pude abstraerme de aquello que más me gusta observar: los pequeños gestos.
El Papa León XIV en España apareció en la portezuela del avión con ropajes ligeros, aunque más trabajados que los que acostumbraba a utilizar su antecesor. Apenas miró a quienes le esperaban a pie de pista y levantó la mano a modo de saludo mientras caminaba, aparentemente más pendiente de no tropezar que de otra cosa.
Y esa contradicción —entre lo que me importa y lo que tengo que hacer, entre cómo quiero mostrarme y cómo me muestro— fue precisamente lo que más me llamó la atención durante todo el viaje.
Porque, de algún modo, este Papa, continuista de la labor del Papa Francisco si atendemos a sus palabras, parece diferente cuando uno observa los pequeños detalles.
Hace muchos años, un hombre sabio de Iglesia me dijo algo que nunca he olvidado:
«La Iglesia, aunque parece de piedra, es más flexible que un junco. Por eso ha podido inclinarse a derecha e izquierda, según los tiempos reclamaban, durante dos mil años sin quebrarse.»
Mientras seguía las noticias de esta visita, aquella frase regresó una y otra vez a mi memoria.
Más allá de los discursos de León XIV en España

Los discursos son importantes.
Pero los gestos suelen anticipar los cambios antes que las palabras.
Durante su viaje a España, León XIV ha insistido en mensajes relacionados con la unidad, el diálogo, la dignidad humana y la necesidad de tender puentes en una sociedad cada vez más fragmentada.
No son ideas nuevas dentro de la Iglesia católica.
De hecho, muchos observadores han señalado la continuidad existente entre León XIV y el pontificado de Francisco en cuestiones sociales y humanas.
Sin embargo, cuando uno observa la puesta en escena, la forma de presentarse o el modo en que ejerce su presencia pública, aparecen algunos matices interesantes.
No parece un hombre especialmente inclinado a la improvisación permanente.
Tampoco alguien que busque la sorpresa como herramienta de comunicación.
Más bien transmite la sensación de querer recuperar cierto equilibrio entre la cercanía humana y la dimensión institucional del papado.
Como si pretendiera recordar que el Papa es, al mismo tiempo, pastor y símbolo.
Persona e institución.
La importancia de los símbolos
Quizá por eso llamó la atención que, desde el inicio de su pontificado, haya recuperado algunos elementos protocolarios que habían quedado más difuminados durante los últimos años.
A primera vista puede parecer una cuestión superficial.
No lo es.
Las instituciones hablan a través de símbolos.
Y pocas instituciones han desarrollado un lenguaje simbólico tan complejo y refinado como la Iglesia católica.
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha sobrevivido a imperios, revoluciones, guerras mundiales, persecuciones y cambios culturales que parecían definitivos.
Lo ha hecho porque ha sabido modificar aspectos secundarios sin alterar aquello que considera esencial.
Esa capacidad de adaptación explica en parte su extraordinaria longevidad.
Una Iglesia para el siglo XXI
La gran pregunta es qué tipo de Iglesia parece querer construir León XIV.
Aún es pronto para afirmarlo con certeza.
Los pontificados se miden en años, no en meses.
Sin embargo, sus primeros pasos permiten entrever algunas líneas de actuación.
Parece apostar por una Iglesia cercana a las personas, especialmente a quienes viven situaciones difíciles.
Una Iglesia preocupada por los problemas reales de la sociedad.
Pero también una Iglesia consciente de la importancia de sus propias formas, tradiciones y símbolos.
No estamos ante una revolución.
Tampoco ante un regreso al pasado.
Más bien parece una búsqueda de equilibrio entre tradición y adaptación.
Una fórmula que, por otra parte, ha acompañado a la Iglesia durante buena parte de su historia.
Los pequeños gestos que hablan del futuro
Durante esta visita a España hemos visto imágenes de encuentros con niños, mensajes de reconciliación y llamadas constantes al entendimiento.
También hemos visto una figura papal que parece sentirse cómoda representando algo más grande que ella misma.
Quizá ahí resida una de las claves para entender este pontificado.
León XIV no parece interesado en convertirse en protagonista.
Da la impresión de querer reforzar el papel de la institución que representa.
Y eso constituye una diferencia relevante respecto a algunas tendencias predominantes en nuestro tiempo, donde todo gira alrededor de las personalidades individuales.
Tal vez por eso regresó a mi memoria aquella antigua reflexión sobre el junco.
La Iglesia sigue inclinándose con el viento de cada época.
Lo ha hecho durante veinte siglos.
La cuestión que aún está por responder es hacia dónde soplarán los vientos del siglo XXI y cómo decidirá León XIV acompañarlos sin perder aquello que considera su razón de ser.
Porque los discursos pueden emocionar durante unos días.
Pero son los gestos repetidos durante años los que terminan escribiendo la Historia.
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Para consultar información oficial sobre la actividad del pontífice y sus discursos puede visitarse Vatican News.
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